jueves, 30 de marzo de 2006

Sufrimiento

Mañana me levantaré más temprano que el resto de la semana. Le daré un beso a mi madre y partiré. Serán unas horas escapado de la realidad. Haré alguna llamada telefónica. Como un niño espero buenas noticias. Pero ayer fue el único día en el que me dijo que estaba un poco mejor. La realidad me sorprende. Las cosas son así. El niño a veces se desespera. El fin de los juegos puede que esté acercándose. No puedo estar bien. La salud no se compra. Es algo que está o no está. Regreso y pregunto como está. Casi adivino la respuesta. Ya hace tres años puse una vela, esta vez no lo he hecho. San Judas Tadeo sabe que lo necesitamos. Y sabe que desde hace mucho tiempo le estoy muy agradecido. A veces tengo ganas de esconderme. Pero la realidad no la puedo cambiar. Esto ha llegado y no me queda otro remedio que vivirlo. Le molesta hasta que la toquen. Y con lo cariñoso que yo soy esto me da mucha tristeza. Ya no me acuerdo cual fue la última vez que la abracé con casi todas mis fuerzas. Cuanto daría por volverlo a hacer. No hay remedio. Pero no puedo estar de acuerdo con que las cosas tengan que ser así. Ay madre, cuanto sufrimiento.

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