viernes, 24 de febrero de 2006

Regresa

Y digale también, que sólo junto a ella puedo respirar
David Bisbal


Cuando el cordón umbilical se tense tendré que oxigenarme de otra fuente. Quizás me valga la espuma de los mares. O el remolino del viento. O el calor de la mañana. Quizás tenga que ir a buscarlo bien lejos. O quizás ella misma me proporcione la vía. Será un corto o largo camino. Tan corto o largo como mis dioses quieran. Seguiré recibiendo de su maná porque mucho es lo que ha sembrado. Cuando la cápsula se rompe solo cabe esperar que llegue un carro celestial. El carro la llevará por bellos caminos. La estrellas brillarán esa noche sólo para ella. Amanecerá en el lugar más limpio. Desde allí observará lo que ocurre en el otro extremo de la cuerda. El niño volverá a levantarse y volverá a construir. El lugar del hombre espera. La mano vacía lo aproxima. Atardece y aún respiro.

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