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domingo, 3 de junio de 2007

Extraño mar

Tengo un gato de ojo marino. Su ojo me alumbra el oscuro rincón. El gato me lleva a lo mejor de mi mar. Su ojo tiene hasta siete colores, y los utiliza según la necesidad. El gato se me esconde en sitios de insospechada realidad. Al gato a veces le gusta jugar. Se me pone en las piernas, con la cabeza en mi corazón hace que la penumbra espante a la soledad. El gato se escapa, y me lo encuentro jugando con cucarachas que no se atreve a matar. Casi siempre lo dejo, pues el necesita de su libertad. A pesar de ser gato, a él le gusta el azul de mi mar. Sus ojos se llenan de vitalidad. El ojo mira desde la altura y si cae resulta que no llega a sangrar. Después se le olvida y vuelve a subir. El gato se asusta con los truenos de la tempestad. Y observa conmigo el oleaje del furioso mar. Después en silencio nos vamos a acostar. Su ojo cerrado me impide el color. Y yo cierro los míos, acurrucado en la flor. Mi alma se pierde en la mar de otros gatos. Estimulando los sueños que avivan su olor. Y despiertan pensando en el sueño que hubo. Le dan juego a sus dueños. Y estos propagan a lo lejos el color de otros más. Así funciona el viento. Así funciona el mar. Los gatos de Gaia vinieron para soñar.

martes, 8 de mayo de 2007

Locura de luna

Y los viernes repartían los turrones. Y se desayunaba con vino. La vida sabática había llegado para todos. Los antiguos ganadores del nobel distribuían las recetas para los turrones. Todo el año de vendimia.
Los científicos entre todos lograron olivas para todos los climas. Los príncipes de asturias iban al oriente a aprender árabe. Los premios cervantes jugaban con los niños a las nuevas palabras. Los empresaurios se divertían en entrevistas de trabajo.
Las niñeras de las infantas las llevaban al zoológico a alimentar a las elefantas. El príncipe se casó con su guardaespaldas. Las flores de las reinas y sus fotos se regalaban en calendarios. Gobernaba mi princesa con su tercer ojo en la frente.
Con el oro de moscú se restauró el vaticano. Todas las puertas abiertas sin censura. A los cubanos no les volvió a faltar el papel. Los tiburones de la corriente eran el transporte a miami. De miami venían a bailar a tropicana.
No se supo más de aquel, ni del comic ni del andante. La luna menguaba y crecía, en la misma noche reía.