miércoles, 18 de octubre de 2006

Fin de la serie

Nunca se ha logrado nada sin entusiasmo
Emerson


Mayte trajo estas frases a Oasig. El oasis que con tanto entusiasmo creé. Un lugar para saciar mi sed y que me llevó al desierto que ya conocía. Esa visita contribuyó mucho a que yo esté aquí, ahora. El desierto es superable, siempre he encontrado el sitio que me da el agua suficiente para continuar. A pesar del desespero inicial, siempre he podido lograr las fuerzas necesarias para seguir adelante. Las fuerzas para entusiasmarme con algún plan que ideo. Y algunos planes han llegado a buen término. Sobre todo viéndolo desde la distancia. Desde la orilla del mar, disfruto del aire fresco y de repente miro a un lado y me encuentro un puerto. Y a buen puerto se llega, pero también de los puertos se parte. Ahora no se bien donde estoy. Pero tengo entusiasmo, eso significa que algún plan debo tenerme entre manos. Ya habrá tiempo para los aeropuertos.

martes, 17 de octubre de 2006

Vals del despertar

Somos dueños de nuestro destino. Somos capitanes de nuestra alma
Winston Churchill


La vida se apresta a una celebración. Sus dueños dan un paso adelante, se saludan. Se visten de largo. Escogen pareja, comienzan a danzar. Por pasillos eternos despliegan su compás. La conciencia se gradúa y empieza a caminar. Los colores se mezclan y dan lugar a la pureza. Se trata del delirio real. Las palomas vuelan presurosas. El río azul se arremolina y los peces hacen una rueda. De los árboles se desprende el aroma de la fiesta. Las formas adquieren imágenes caprichosas. Los que tienen hambre reciben su maná. Los tristes dibujan su alegría. Los enfermos tienen paz. Los sabios observan satisfechos. Los necios comienzan a pensar. Los viejos, los jóvenes y los niños. Un, dos , tres, un, dos, tres; giran en la rueda, giran sin parar. Por fin todos nos encontramos y volvemos a comenzar. Y madre Gaia sonríe, sonríe a todos los gaiar.

lunes, 16 de octubre de 2006

Eclipse mortal

Saber no es suficiente; tenemos que aplicarlo. Tener voluntad no es
suficiente: tenemos que implementarla.
Goethe


El robot memorístico se había pasado su vida entre capítulos de enciclopedia. Su caparazón blindado le permitía adentrarse en cualquier ambiente sin arriesgar nada. Se pasaba el tiempo complaciendo a los admiradores de distintos círculos. Y sus propósitos peligraron cuando llegó aquel niño de la linterna. El enano se empeñaba en averiguar lo que había debajo de esa coraza. Lo agobiaba con sus extrapolaciones. Y le llegó a resultar insoportable el pensamiento de que su anhelo se viniera abajo, por culpa de aquel bicho del diablo. Tanto fue así que le rompió la linterna. Pero solo logró sacarle un gemido de sorpresa. El niño no comprendía porqué el robot no querría sobrevivir al eclipse. Y pensativo fue a buscar otra fuente.

domingo, 15 de octubre de 2006

Nautilus

Los grandes espíritus siempre han tenido que luchar contra la oposición
feroz de mentes mediocres
Einstein


Hace muy poco te hablaba de escalones. Se trata de una escalera que nos lleva al cielo. Pero no es una escalera simple. Es una escalera de caracol. Pero no pienses que es totalmente ascendente como la escalera de los faros. En el cielo la luz es continua. Y precisamente el cielo se encuentra en el punto de equilibrio. Me han dicho que hay que tener fuerza para alcanzarlo. Y me aseguran que esa fuerza se puede lograr con altas dosis de humildad. A veces la sonrisa derrumba muros. Otras veces hay que esperar a que se abra una puerta. Y también habrá que tener en cuenta la posibilidad de caminos alternativos. Me dicen que no me preocupe por el tiempo. Y me han aconsejado que te diga todo esto. Por eso lo hago ahora, no sé donde estaré mañana.

sábado, 14 de octubre de 2006

Himno para despertar a un sordo

Nuestra gloria más grande no consiste en no haberse caido nunca, sino en
haberse levantado después de cada caída
Confucio


Dirige tu mirada a la luna. Con la cabeza bien alta puedes ver cada mancha. Si las cuentas verás que son muchas. A pesar de todo la luna brilla. Cuando no está el sol nos queda ella. Luz suficiente, para que encuentres el río. Corriente de esperanza que te llevará de vuelta a la alegría. Cuando llegue la mañana mírate en el espejo. Dirígelo hacia la luna, enséñale tu belleza, que se olvide de sus manchas. Recuerda siempre que otros necesitan encontrar el río. Luego puedes seguir con tu música. Pero ten cuidado, el sol a veces produce espejismos. Ya sabes de aquel que confundió molinos con gigantes. Si dudas ve y tócalos, comprueba que son reales. Evítale un disgusto a la luna, ella más que verte necesita manos que le pongan letra a su sinfonía.

El reparador de sueños

Siempre,
llega el enanito
con sus herramientas
de aflojar los odios
y apretar amores.
Siempre,
llega el enanito,
siempre oreja adentro
con afán risueño
de enmendar lo roto.
Siempre,
apartando piedras de aquí,
basura de allá, haciendo labor.
Siempre va esta personita feliz
trocando lo sucio en oro.
Siempre,
llega hasta el salón principal
donde está el motor que mueve la luz.
Y siempre allí hace su tarea mejor,
el reparador de sueños.
Siempre,
llega el enanito
hasta la persona,
hasta todo el pueblo,
hasta el universo.
Siempre,
llega el enanito
y desde esa hora
se acaba el silencio
y aparece el trino.
Silvio Rodríguez

jueves, 12 de octubre de 2006

Concierto para muchas manos

Voy por los mismos sitios y voy reparando en cosas que ya estaban. El puzzle va adquiriendo forma poco a poco. Me enseñas una alternativa y la forma se torna más bella. Intento darte las gracias, pero quizás no comprendas. Quizás no conoces del valor que tienen ciertas cosas para mi. En definitiva no sabemos de nuestra profundidad relativa. Lo cierto es que el tiempo que dedicas si que tiene un valor. Y yo quiero que comprendas lo que yo he comprendido, que el número del escalón no es lo que importa, lo que importa es que podamos escuchar nuestras voces. Y que es posible perdonarse el olvido por un tiempo, pero sería importante hacerlo semifuso. Yo quisiera observar tu puzzle, e intentar sugerirte otra posición para alguna otra pieza. Y volverte a oír. Y entonces mis sitios se ampliarían a tus sitios, y los tuyos... pues eso, a los míos. Y nuestros mundos podrían tener más luz. Y sus habitantes serían más bellos. Y las calles más limpias, y los árboles más frondosos, y los pájaros anidarían con más alegría. Y nuestros puzzles adquirirían otro color. Reflejando la nueva luz. Y tu en el tuyo... y yo en el mío... esperando a que un tercero, no importa de cual escalón, nos diga qué hacer con las nubes.